22/02/26

UN AMOR SIN LÍMITES (PARTE 2) PASTORA LUCIA DE ROMAN

Esta poderosa prédica titulada “Un amor sin límites – Parte 2” nos muestra Dios que la oración del justo tiene un poder transformador. En Santiago 5:16-20 (NBLA) se nos enseña: “La oración eficaz del justo puede lograr mucho”. No solo se trata de orar, sino de una oración que nace de un corazón recto y comprometido con Dios. El texto también nos recuerda que cuando ayudamos a alguien a volver del error, “cubrirá multitud de pecados”.

Esto nos lleva a una verdad profunda: Dios no nos llama a señalar al que cae, sino a restaurarlo. Mientras el ser humano tiende a juzgar, el Señor nos invita a interceder, a acompañar y a levantar al que se ha extraviado.

Entonces surge una pregunta clave: ¿Cómo atrae Dios al perdido?

La respuesta la encontramos en Lucas 15:11-32, en la parábola del hijo pródigo. Allí vemos a un padre que no persigue con reproches, sino que espera con amor. Cuando el hijo reconoce su condición y vuelve en arrepentimiento, el padre no lo humilla; lo restaura, lo dignifica y celebra su regreso. Esto nos enseña que el arrepentimiento auténtico nos devuelve a la vida, porque apartados de Dios estamos espiritualmente muertos.

El quebrantamiento es fundamental. No se trata solo de sentir culpa, sino de experimentar un dolor genuino por haber ofendido a Dios. En medio del pecado hay un momento de conciencia, como le ocurrió al hijo pródigo cuando recordó que tenía padre. Ese recuerdo de identidad “soy hijo” es el inicio del regreso.

El Señor, en su inmenso amor, nos hace una invitación poderosa en Isaías 1:18 (NBLA): “Vengan ahora, y razonemos —dice el Señor. Aunque sus pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos”. Dios no niega nuestro pecado, pero tampoco nos condena sin esperanza; Él ofrece limpieza y restauración.

Ese proceso produce temor reverente, no miedo paralizante. Como dice Proverbios 1:7 (RVR-60): “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová”. El verdadero arrepentimiento nos lleva a no querer ofender más a Aquel que nos ama sin límites.

En conclusión, el amor de Dios no minimiza el pecado, pero tampoco abandona al pecador. Nos llama a orar, a restaurar y a creer que ningún corazón está demasiado lejos para ser alcanzado por Su gracia.

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